
La mayor parte de estas tribus eran semi-nómades y vivían de la caza, la recolección y una agricultura primaria.

Después de su cruce transatlántico, tocó tierra cerca del sitio de la actual Recife, el 26 de enero de 1500.
Navegó a continuación bordeando la costa, hacia el norte, hasta la desembocadura del río Orinoco.
Sin embargo, en virtud de las decisiones del Tratado de Tordesillas (1494), que modificaba la línea de partición instaurada en 1493 por el Papa Alexandre VI para delimitar los imperios portugués y español, el nuevo territorio fue atribuido a Portugal. España no reivindicó entonces el descubrimiento de Pinzón.

En 1501, el navegante Américo Vesucio (Colón) dirigió una expedición sobre este nuevo territorio.
En el transcurso de estas exploraciones, Vespucio reconoció y bautizó muchos cabos y bahías, entre ellas la de Río de Janeiro. Regresó con brasilete (madera de Pernambuco que proveía una tintura roja). La Terra da Vera Cruz tomó, a partir de esta fecha, el nombre de Brasil. En 1530, el rey de Portugal, Juan III el Piadoso, emprendió un programa de colonización sistemática de Brasil.

La importación de numerosos esclavos africanos permitió paliar la escasez de mano de obra local. Fue durante este período, en 1554 exactamente, que fue fundada al sur del país la ciudad de São Paulo. Al año siguiente, en 1555, los franceses intentaron instalarse estableciendo una colonia sobre las riberas de la bahía de Río de Janeiro. En 1560, los portugueses destruyeron esta colonia y crearon, en 1567, la ciudad de Río de Janeiro.
En 1580, Felipe II, rey de España, heredó la corona de Portugal. Este período de unión de los dos reinos, hasta 1640, fue marcado por frecuentes agresiones inglesas y holandesas contra Brasil.

Pero el año siguiente, la ciudad fue retomada por un ejército compuesto de españoles, portugueses e indios.
Los Holandeses retomaron sus ataques en 1630. En esta ocasión, una expedición subvencionada por la compañía holandesa de las Indias Occidentales tomó Pernambuco, la actual Recife, y Olinda.
Los territorios comprendidos entre la isla de Maranhão y la zona río abajo del São Francisco cayeron así en manos de los holandeses. Bajo la competente autoridad de Jean-Maurice de Nassau-Siegen, la parte de Brasil ocupada por los holandeses prosperó durante varios años. Pero en 1644, Nassau-Siegen renunció para protestar contra la explotación dirigida por la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales.

En 1654, al cabo de diez años de luchas, los Paises Bajos capitularon y, en 1661, renunciaron oficialmente a sus reivindicaciones territoriales sobre Brasil.
En 1640, después de la ruptura de la unión entre las dos coronas de España y Portugal, Brasil regresó entonces bajo la soberanía portuguesa y devino un virreinato.
Españoles y portugueses vivieron entonces pacíficamente en América del Sur hasta 1680, fecha de una expedición portuguesa en el sur de la ribera oriental del Río de la Plata donde fundaron una colonia.

Desde el comienzo del siglo XVII, misioneros jesuitas hicieron incursiones en el Amazonas.
Bajo el reinado del rey José I de Portugal, Brasil conoció numerosas reformas por instigación del marqués de Pombal, secretario de Asuntos Extranjeros y de Guerra, luego Primer Ministro. Los esclavos indios fueron liberados, alentada la y los impuestos reducidos. Pombal atenuó el peso del monopolio real sobre el comercio internacional del virreinato, centralizó el aparato gubernamental brasileño cuya sede fue transferida de Bahía a Río de Janeiro en 1763.
Tres años antes, en 1760, a modo de lo que ya había hecho en 1759 en Portugal, Pombal expulsó a los jesuitas de Brasil. La razón oficial fue el descontento popular suscitado por la influencia jesuita en los indios y su creciente peso en la economía. Las guerras napoleónicas doblaron profundamente el curso de la historia brasileña.

En marzo de 1816, el príncipe Juan devino rey de Portugal bajo el nombre de Juan VI el Clemente. El sentimiento republicano, ampliamente extendido a través del país después de la Revolución Francesa, ganó una audiencia considerable cuando las colonias españolas vecinas se volvieron independientes.
Desde 1816, Juan VI debió intervenir para ocupar la región de la Banda Oriental bajo el control de los revolucionarios hispano-americanos. Juan VI nombró a su segundo hijo, Dom Pedro, regente de Brasil. Pero en Portugal, se había formado una viva oposición contra las reformas emprendidas en el virreinato.

En 1822, ante las demandas y la indignación de los brasileños, Dom Pedro anunció su rechazo a dejar el país.
En junio de 1822, hizo convocar una Asamblea constituyente. En septiembre de 1822, mientras que enviados de Portugal revelaban que las Cortes no harían más ninguna concesión a los nacionalistas, Dom Pedro proclamaba la independencia de Brasil.
Ese mismo año, un voto de la Alta Cómara de la Asamblea Constituyente lo hizo emperador de Brasil bajo el nombre de Pedro I. A fin de 1823, todas las tropas portuguesas en Brasil devieron rendirse al nuevo régimen. Reinando como verdadero dictador, Pedro I perdió mucha popularidad en su primer año en el poder.
En 1823, a causa de disensos con la Asamblea Constituyente, decidió disolverla y promulgó una nueva constitución en marzo de 1824. Al año siguiente, en 1825, Argentina apoyó una revuelta en la provincia de Cisplatina. Este apoyo fue considerado por Brasil como una provocación y fue declarada la guerra entre los dos paises.
Derrotados en 1827, los brasileños debieron acordar, al final de negociaciones mantenidas bajo la mediación británica, la independencia de la provincia de Cisplatina y de Uruguay.

Se reveló uno de los monarcas más competentes de su época. Bajo su reinado, que duró casi medio siglo, el crecimiento económico y demográfico del país fue excepcional. La producción nacional fue multiplicada por 10 y el país comenzó a dotarse de una red ferroviaria.
La política exterior del gobierno imperial era abiertamente hostil a las dictaduras vecinas. De 1851 a 1852, Brasil sostuvo entonces la lucha revolucionaria que combatía al dictador argentino Juan Manuel de Rosas.
De 1865 a 1870, aliado a la Argentina y a Uruguay, combatió victoriosamente al Paraguay.
En 1853, Pedro II prohibió el desembarco de esclavos negros. Algunos años más tarde, una campaña en favor de la emancipación fue lanzada por todo el país.
En esta época, Brasil contaba con 2,5 millones de esclavos. Los abolicionistas tuvieron su primera victoria en 1871, cuando el Parlamento aprobó una ley dando la libertad a los niños nacidos de una madre esclava.
En la misma época, un sentimiento republicano se desarrolló en el país, particularmente en razón de los sacrificios sufridos durante la guerra contra Paraguay.
Estos diferentes factores condujeron a la instauración de la primera república.
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